jueves, febrero 24, 2011


~ Un despertar entre algodones 

Entonces tus manos tocaron mi cintura (por fin) tu risa llego a mi oído y de una forma que planee fuera inocente te acompañe a buscar no se qué cosa, se que era un pretexto y eso me llenaba de una manera, para ti, insospechada. Claro está que tus manos se deslizaron por mis caderas, te mire y tu sonreíste… y entonces ocurrió aquello que había perseguido desde hace tanto tiempo entre sueños realidades e imaginaciones. Sonreí también mientras por mi pasaban tantos recuerdos. Me encontraba en la situación que siempre había imaginado y sin dudarlo lo aprovecharía… solos en ese rincón buscando no se qué, pero allí apretados por el poco espacio… podría jurar que tu sentías mis vibratos, eso ya no tenía importancia, es que en pocos segundos sucedería el hecho que me haría despertar de otra manera a la mañana siguiente.
Sonreíste, miraste mis manos mientras las sostenías y mi corazón solo latía aun más fuerte, más rápido. En mi cabeza solo un pensamiento: No puedo creerlo. Pero siempre algo dentro de mi me decía que ocurriría, tarde o temprano. No importa cuanto tiempo pasara. Se que la vida me regalaría lo que tanto pedí, sabía que el destino me daría lo que me debía.
Suavemente tomaste mi cara, te mire a los ojos, volviste a sonreír… apretaste mis manos y me besaste. Miles de luces me rodearon, mi corazón estallo y una vez que empezaste, continuamos de una forma adrenalinita por temor a que nos sorprendieran… tus labios suaves, dulces y en completo conocimiento de lo que hacíamos, me hicieron viajar a mis inicios en ti, sonreímos  y entonces al despertar supe que durante todo este tiempo has sido tú y nadie más que tu quien me inspira lo mejor de mí, la inocencia que perdí, la fe que se esfumo, el amor que deje esfumándose… todo eso lo recupero contigo, junto a ti vuelvo a ser la que un día sonreía sin motivo alguno, por el solo hecho de tener tu sonrisa en mi mirada.



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